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Hoy hace un mes que se cayó la abuela.
A un mes, eso sí, se siente el cansancio: cuando sucede la emergencia todxs están ahí para lo que necesites, entienden perfecto si pides un día o dos en el trabajo, o si algunos días no estás tan disponible o si no respondes rápido. Un mes después ya no es igual porque el trabajo tiene que hacerse, las entregas en la escuela no movieron sus fechas y tampoco son tiempos para quedarse sin ingresos.
El humor nos ayuda a sobrellevar las cosas. ¿Cuándo fue la última vez que pasamos tanto tiempo juntxs?. También ayuda el hecho de que la abuelita es la más entera y se ha recuperado de una neumonía por COVID, razón por la que (creemos) le faltó el oxígeno, lo que provocó la caída en la que se fracturó el fémur. Una sorpresa tras otra, tal vez sin la caída no le hubieran diagnosticado la neumonía, porque no tenía ningún síntoma, pero la cosa es que lleva un mes inmovilizada, esperando sanar de Coronavirus para poder operar la pierna. A los 90 años.
Me sorprendo cada día con las pequeñas coreografías del cuidado que tengo que ir aprendiendo: Cuatro para mover a una, cinco si hay que acomodar la sábana, mover el colchón inflable para evitar las llagas en el cuerpo, o hacer algún acomodo extra, acomodar las manos para hacer garrita, 1,2,3: volar; Protocolo para bañarla cada tercer día: yo la tallo, tú la vas enjuagando (qué diera por un jicarazo de agua, nos dice), de arriba hacia abajo, tapándola porque con todo y el calentador encendido y el agua caliente, en este pueblo hace un chingo de frío; Aprender a poner un cómodo: mover cobijas, sábanas, almohadas, dos personas para moverla a ella, cambiarla, limpiarla, regresarla, almohadas, sábanas, cobijas.
En estas pequeñas coreografías se nos va la mañana, el día. Vamos aligerando las tensiones con risas o unas chelas con lxs que no estamos de guardia, y cuando alguien ya no puede, siempre hay otro alguien que abraza, apapacha, le hace un tecito, café, panecito dulce, hombro para llorar. No hay día que mi madre y yo no nos digamos cuán privilegiada es esta familia de sus gestiones y acompañamientos afectivos, de la capacidad de organizar un pequeño hospital en casa, de la disposición de todxs para cuidar y atender. En cambio, mi hermana y yo, hemos hablado de cómo haremos cuando sean padre y madre a lxs que haya que cuidar, y nos preocupan nuestros trabajos de artistas mal pagados y sin seguridad social. Pasito a pasito, como dice Daddy Yankee, por ahora la abuela a los 90 está libre de COVID y lista para la operación. Eso, es una victoria.

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