El dancing...
A mí me gusta el dancing. No el alcohol, o las drogas, o los cigarros, o el café, o el chile mexicano.
A mí me gustan la salsa, el merengue, la bachata tan de moda y, menos pero porqué no, la cumbia.
A mí me gusta bailar hasta sudar, bailar hasta que duelen los pies, bailar hasta que las orquestas/bandas/músicos-agotados dejan de tocar.
Para mí, pocos tesoros son tan preciados como un buen bailador: lo de menos es si baila en línea, libre o cubano. Los buenos bailadores te llevan, saben de la presión necesaria en las manos, saben del punto exacto para girar, se dan cuenta cuando puedes dar dos, tres vueltas, y cuándo estás muerta y no puedes girar más. Y lo mejor, cuando vas al dancing no importa cómo te llamas, o cuántos años tienes o a qué te dedicas: un buen bailador sabe que lo importante es lo que no se dice, el entendimiento entre dos cuerpos que no se conocen pero aún así se bailan, dos personas - cuerpos que tal vez no se vuelvan a ver nunca más, o que tal vez se encuentran solo ahí, en el dancing.
Yo SIEMPRE puedo bailar una salsita más; No importa cuán cansada esté, o cuán pesado haya sido el día: "la última" puede volverse otras cinco, otras diez.
Así que me he puesto un reto y este año será de mucho dancing, porque ¿porqué no haría eso que me hace inmensamente feliz?
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