De la serie: INTERIORES

LA CIUDAD DONDE SE VIVE

Me gusta vivir en esta ciudad. Yo vivo aquí por elección. Me gustan las calles de su centro que no son ni chicas ni grandes, sus banquetas limpias, sus fachadas armoniosas, sus plazas habitadas [y habitables]. A mí me gusta saber que me quedo por decisión y que no viviría en otra ciudad de México en este momento, entre otras cosa, porque no quiero. 

Me gusta conocer a su gente [mi gente] y sentirme pueblerina cuando camino por el centro y saludo al por mayor [por pura concentración de amigos]. Me gusta que he desaprendido los nombres de las calles y las iglesias, que me aprendí en el intento necio por aprehender la ciudad cuando llegué, sin saber que para que una ciudad sea verdaderamente de una debe saberse no los nombres, sino las referencias "ahí donde estaba la Estrella", "por el molino", "en el ex-convento de las Capuchinas". 

Así que a veces reniego de ella, porque el que no reniega no pertenece, y me quejo de sus horarios "habituales" que me hacen la vida imposible, y de su conservadurismo extremo [pues sí, ese mismo que mantiene su centro precioso], y de su elitismo [con tanto mall y barecito fresa], pero agradezco el cobijo que provee, porque decir su nombre me provoca lo mismo rechazo que ternura, como ha de sentirse de una ciudad que se ama. 

Entonces la habito y la vivo y la construyo cada día... aunque algún cada día me vaya. 



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