escribir...

Varias personas en muy diferentes contextos y sin ninguna relación entre ellas más que su contacto conmigo me han dicho, sin haber leído este blog, que sería buena escribiendo crónica (¿es porque siempre estoy dando explicaciones?). Me da pena reconocer que ni siquiera estoy muy segura de lo que crónica significa (en estricto sentido, vaya).

Escribo diarios y colecciono cuadernos y libretas desde que aprendí a escribir. 
Supongo que al principio se trataba de practicar la escritura y de usar ese primer diario con candadito y hojas perfumadas que me regalaron, y luego siguieron llegando cuadernos bonitos que no podía dejar de usar y eran tan hermosos que no podían ser para las banales tareas escolares, así que los fui llenando con lo que ya desde entonces consideraba mi emocionante y dramática vida interna. Mi madre siempre pensó que yo sería más escritora, pero luego salí bailarina y me hicieron creer que no podía ser ambas cosas. 

Muchos años después, un amigo ambulatorio descubrió unos poemas míos y decidió que valía la pena publicarlos. Poca gente ha visto ese pequeño libro, y yo misma no sé bien dónde está mi copia en este momento. 

Durante la carrera y los primeros años fuera de ella intenté escribir bitácoras (¿crónicas?)  de los encuentros de danza a los que iba, reseñas de las obras que veía o pequeños ensayos. No sentí que nada de eso tuviera algo qué ver con mi escritura y en particular la reseña o crítica de artes escénicas me hace sentir terrible. Muy luego me comprometí con la investigación y por ahí mis textos han tenido una salida de la que me siento orgullosa, pero que todavía no asumo como una práctica. 

Así es que por ahora me abrazo al formato diario que tan bien conozco y solo cuando alguien más lo sugiere me pregunto si querría escribir crónicas u otra cosa que también desconozco, o peor, si no lo estaré haciendo ya y no me he dado cuenta. 

Comentarios